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Perspectiva ética en el tratamiento odontológico del paciente pediátrico. Johanna Elizabeth Chavarriga Rosero / Maria Claudia Fajardo Santacruz

El tratamiento odontológico en pacientes pediátricos y en situación de discapacidad, es un reto para el odontopediatra y en general para los profesionales que tratan con esta población, pues a parte de los desafíos propios del tratamiento, se presentan situaciones adicionales que hacen más compleja la atención, por ejemplo, que a la normal relación odontólogo-paciente que se establece en el manejo terapéutico de un adulto, se agrega otro actor: el representante (padres o acudientes.). En este contexto, la decisión acerca del tratamiento recae sobre quienes ejercen la patria potestad del menor o del paciente en situación de discapacidad, donde es importante destacar que la personalidad de este puede afectar positiva o negativamente el desarrollo y resultado final del tratamiento.

Lo ideal es que un padre o representante sea colaborador en la consulta y ayude en el desarrollo del tratamiento odontológico de su hijo o representado, pues ello permite que el menor gane confianza y sienta apoyo durante la realización del tratamiento; en ocasiones, el comportamiento  de los mayores puede generar ansiedad, angustia o temor, afectando negativamente el comportamiento del niño durante la consulta, casos en los cuales el odontólogo debe decidir si la presencia de los padres es necesaria o no.

Vale mencionar que algunos padres o representantes de los menores, especialmente de aquellos en condición de discapacidad, tienden a ser sobreprotectores, por lo que una explicación clara, sencilla y sobre todo amable por parte del profesional, hacen que el padre gane la confianza del facultativo y permita desarrollar el tratamiento sin tropiezos toda vez que en estos casos se requiere, siempre, la autorización de los representantes para la realización del tratamiento, a través de un explícito, claro y completo consentimiento informado que deberá constar por escrito y con la firma del profesional y del representante del paciente. – Para efectos ilustrativos, el ordenamiento jurídico considera menor de edad a las personas que no han cumplido la edad de dieciocho (18) años -.

El consentimiento informado se define como la declaración de voluntad sobre un objeto de conformidad al artículo 1517 del Código Civil; toda declaración de voluntad debe tener por objeto una o más cosas en que se trata de dar, hacer o no hacer.

Los actos humanos, en el sistema jurídico, para que produzcan efectos plenos, deben ser realizados con consentimiento el cual debe ser exento de vicio, error, fuerza o dolo, en los términos del artículo 1508 del Código Civil, pues en caso contrario, el acto está viciado de nulidad y no produce ningún efecto o produciría otro distinto al que normalmente se persigue.

El ejercicio odontológico se basa en dos principios fundamentales: la capacidad profesional del odontólogo y la aceptación o consentimiento al tratamiento del paciente, que se deriva de otro principio, el de autonomía. Se entiende así el consentimiento como el derecho no sólo de aceptar sino de rehusar cualquier acción odontológica, luego de haber recibido información clara sobre la misma.

La ley entonces fija unos parámetros para darle validez al acto jurídico:

1.         El consentimiento sólo puede ser otorgado por personas mayores de edad. El de los menores genera actos nulos (relativamente nulos, absolutamente nulos, dependiendo de la edad misma).

2.         El consentimiento no puede provenir de personas consideradas por la ley como incapaces mentales.

3.         El consentimiento debe expresarse ejerciendo la libertad individual.

4.         Debe existir concordancia entre lo querido y lo aceptado.

Sobre el particular, la Corte Constitucional en Sentencia C – 900 de 2011 se pronunció sobre los componentes para emitir el consentimiento relacionado con los procedimientos o intervenciones médicas de los menores, disponiendo que los facultados para hacerlo serán sus padres o representantes legales, a lo que se le ha denominado consentimiento sustituto: “(…) Por regla general, son sus padres o sus representantes legales los que deben prestar la autorización para la realización de cualquier procedimiento o tratamiento médico, lo que se ha denominado como “consentimiento sustituto”. (…)

La relación odontólogo – paciente se fundamenta en la voluntad y consentimiento libre y espontáneo, a partir del cual se despliegan las actuaciones profesionales, donde surge concomitantemente la posibilidad que el paciente se rehúse a recibir el tratamiento, así inicialmente lo haya consentido, como una expresión de ejercicio libre de su voluntad

Johanna Elizabeth Chavarriga Rosero

Maria Claudia Fajardo Santacruz

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